sábado, 1 de noviembre de 2014

Encuentro importante: El Soplón.

Intenté entablar conversación con un hombre de unos 60 años o más, pero no nos entendíamos, no lograba escucharme bien, además creo haberle preguntado si me conocía y él no lograba entender del todo lo que yo decía, además de desconocerme (al márgen: me molesta mucho que los personajes de mis sueños no me conozcan ni sepan quién soy, si están ahí porque soy yo quien los imagina) probé con comunicación telepática y falló. Luego caminé un poco o tal vez miré en otra dirección y había un hombre de unos 40 años (recuerdo su cabeza, puede- aunque sin seguridad- que su cuerpo fuera excesivamente pequeño, porque por sobre todo recuerdo su cabeza) que me saludó por mi nombre. Asombrada, le pregunté si me conocía y contestó afirmativamente. El diálogo que se generó fue así:
ES: Hola Sabrina.
S: ¿sabes mi nombre? ¿sabes quién soy?
ES: Sí.
S: ¿y tu quién eres?
ES: Soy el soplón.
(Me cayó instantáneamente simpático, me gustó que se nombrara así mismo por una cualidad, aunque sentí que debía manejarme con precaución (sabiendo que pedirte precaución es una tontería además de una fantasía).
S: ¿sabés por qué o para qué estoy acá?
ES: Sí.
S: ¿qué es lo que debo hacer?
ES: Burlarte de todo.
S: ¡Eso es lo que yo hago! ¿Lo hago bien?
ES: Sí.
S: Gracias. ¿Puedo volver a verte/preguntarte alguna otra cosa en algún otro sueño?
ES: Sí.
S: Gracias. ¡Chau!

Quise escribir sobre este sueño lúcido que tuve esta mañana, para no olvidarlo y porque, sinceramente, espero volver a encontrarme con el soplón en alguna otra oportunidad. 

Otro comentario al márgen: Hay algo que descubrí y no me gustó. Antes de dejar plasmado este encuentro, transformándolo en palabras, mis impresiones acerca de él eran muy intensas. Quise escribirlo, porque sabía que pasadas unas horas esa intensidad comenzaría a perderse - a perderse en el mejor de los casos- ¿cuántos sueños he olvidado?. Lo que no me gustó es que sospecho que el haber escrito mi sueño también contribuyó a que mis recuerdos ya no sean tan intensos. ¿Será que escribir nuestros sueños o ideas de alguna manera destruye la fantasía en vez de crearla?