domingo, 19 de agosto de 2012

La playa

En esa casa hacía tanto frío que en época invernal era necesario andar de ambiente en ambiente con la estufa a cuestas. Aunque te levantaras de buen humor, enchufar y desenchufar la estufa todo el tiempo, si pretendías moverte, te hacía sentir miserable. Y la miserabilidad no era el resultado de la falta de dinero. Tampoco consistía en la ausencia de una calefacción digna o en el hecho de contar con sólo dos estufas para una casa de 7 ambientes. Era otra cosa.
Sus habitantes podrían haberse puesto de acuerdo e instalar un sistema central de calefacción o simplemente podrían haber comprado más estufas. Pero las personas que vivían ahí ¡Ay! -Las personas que vivían ahí- esas personas pensaban que habían venido al mundo para tareas más importantes. Así, además del frío, la casa entera se venía abajo. ¿Pero quién tiene tiempo para ocuparse de éstas cosas?
Verónica preparó un termo con agua caliente y se encerró en su cuarto. Preparó te, puso una almohada en el piso, frente al espejo, y se sentó con la taza entre sus manos. Desde chica tenía costumbre de mirarse en el espejo. No por una cuestión narcisista. Lo hacía para reconocerse. Es que a veces, al mirarse, no se reconocía en absoluto y esto la asustaba un poco. -“ésta soy yo”, se decía. -“¿ésta soy yo?” “ummm…” así, todos los días, hasta que terminaba el te o éste se enfriaba. Hoy se enfrió y lo apoyó a medio terminar sobre la cómoda.
Volvió a pensar en una historia que imaginó hace un mes atrás mientras caminaba por la playa y en cómo había reaccionado. Igual que la protagonista de la historia imaginada, se puso a llorar, entró al mar y pateó una ola, se sintió furiosa casi sin esperanzas. Como si toda esa historia tuviera un viso de realidad. La historia es la siguiente. Una chica en un rapto de conciencia acrecentada cae en la cuenta que nosotros, el mundo y todo lo que vemos en él, es parte de la imaginación de Dios. No somos reales. No hay nada real. Ella misma y todo lo que ve en realidad no existe o por lo menos no como ella lo creía hasta ese momento. Somos una creación de Dios pero no separada de él. Así, el universo entero es Dios mismo. Todo está en su propia conciencia. Ahí fue cuando entró al mar y pateó una ola, las lágrimas le caían por las mejillas, el viento y la arena le ardían en la cara. Quería pegarle una patada en el culo. Revelarse. Convertirse en una dolorosa espina de su corazón. -Lo que estoy pensando ahora ¿ también lo dirigís? -Dios ¿Por qué me torturás así? Enseguida le llegó la solución. La única forma de vengarse y liberarse de Dios es el suicidio. Era media tarde. Caminó un rato más por la playa y volvió a la casa completamente extenuada. 

3 comentarios:

Elcaligrafista dijo...

matar la obra. Y hacerlo frente al mar


mi beso.

gustavo zuritz dijo...

Hola Sabri!

Esa casa y su habitantes es casi como una metáfora de tu persona. Amplia y fría sin necesidad. Vos profunda, llena de talentos y desencantada.
No hay dos caminos iguales para encontrarse con uno mismo y verse a los ojos amorosamente.
Siento igual que vos que todo lo que nos rodea es ilusión, la
realidad es inmensamente más bella y sabia.
También siento que Dios, Energía o como te guste llamarlo, somos nosotros mismos y todo lo que vemos y no...por eso patear el mar es darse en el culo a si mismo,
por eso intentar escaparse de uno mismo no sólo es imposible sino que nos atrapa en esta ilusión colectiva que nos mata un poquito cada día.

Un beso

Juancho dijo...

Hola, sabri! Me encanto tu blog. Ojala sigas escribiendo mas acerca de tus desdoblamientos astrales y mas cuentos que me re gustaron. Saludos :D
P/D: Nunca se puede cortar el cordón plateado y todas las cosas que viviste en ese estado es la misma realidad pero en otra frecuencia. Por eso puede que veas personas y en esta realidad tengan otra forma!